domingo, 30 de junio de 2019

Bitácora de la lluvia ( en la ciudad)

2.
Cómo caminar sin tanta nostalgia.

Al retornar a la ciudad hemos librado charcos y mudanzas, casas y cosas. Hemos caminado como benditos de un lado a otro, mi esposo y yo somos peripatéticos, andamos ya andamos; bajo la lluvia, el sol, la mañana, la noche, a toda hora. Y al ciudad se ve cansada de tanto bache, temblor y agujeros varios en todo sentido.

También me podría cansar un tanto, porque hay baches en mi camino y un nudo en la garganta se aferra a no desatarse, pero con la lluvia poco a poco se desatan nudos y se nada mejor. Caminar aligera todo. La lucha por salvar el propio territorio, por llagar a él y conservarlo, por incluir a quienes si estarán a tu alrededor, y observar a quienes no. Rodear los anhelos y saber que estar bien es también el bienestar de los demás. Sin embargo las ciudades del mundo parece que están aprueba. Vamos por ellas con velocidad y con aprecio, porque no, la ciudad brinda trabajo y espacios habitables  aún con riesgo de que te toque uno con karaoke debajo de tu casa y escuches a fuerza los chillidos de rata de quienes se atreven a entrar en esos antros. Hay zonas asi en la ciudad. Como hay también zonas de apertura donde se desarrolla la cultura de este país.

Hay de nudos a nudos. Y entre mas caminas más hallamos. Y más hábil se hace el paraguas para no mojarse. A veces  la garganta se cierra y se abre al sentir que esto es solamente un sueño, a veces bueno otras no tanto.

Así que caminar libres, sin nostalgías de  lo que ibas a encontrar nuevamente, es un sueño más. Sencillamente regresar a tu ciudad cualquiera que esta sea, no te regresa lo que dejaste, o si, quizá pero te lo da con sus agregados. Nosotros en este retorno estamos ya en el viaje con "Lotófagos" estamos a un paso de Itaca, y aún habrá que ver Lestrigones y Cíclopes. ¿Estamos listos para caminar libres y sin nostalgía? Depende del sueño, depende de saber si esto es o no un sueño, pero lo es de a todas lo es, asi que cuando sobreviene la nostalgía de lo que se supone alli seguiría, pues recordamos " no lo olvide usted es un sueño ".

Retornar a esta mole de mosaicos rojos, en minúsculo espacio, tiene este sabor único. Todo es un solo todo, es lo mismo, es igual, solo cambias de nudo y si aprendes a soltarlo y alisar la mente, todo, todo irá mejor y mejor, soltar nostalgías y creencias y conceptos, y las yes, tiene que suceder de forma natural, al ver que ya nos e puede más seguir por el rumbo que se creía se podía ir. No hay modo de adelantarse  a nada, solamente de ser lo que siempre se ha sido, un practicante de una ciudad que a veces nos regala lluvias nobles, intermitentes y resguardables dentro de un paraguas.






jueves, 27 de junio de 2019

El retorno.

Bitácora de los días en la ciudad.
1. El regreso.

Regresar es una forma de recordar. Pero no siempre al llegar se halla lo que se dejó, la armonía se trastoca con facilidad. Habité algunos años, hace años en la ciudad, alli mi departamento me regalaba refugio y aromas de jazmín que procuré siempre con inciensos y ofrendas simples.

Nosotros hemos dejado el cielo y las garzas del cementerio cercano al departamento de ese Valle ( ego) y ahora regresamos a la ciudad, mi ciudad, retornamos los tres, somos nuevamente habitantes e ciudad; Chimi (felino naranjita) mi esposo y yo. 

El departamento es el mismo externamente, pero internamente ha cambiado como todo, ahora tiene una discoteca coreana intregrada cada martes. La armonía y el silencio sorprendentes que habitaban en este bunker de mosaicos rojos, ahora es asi, de sonoridad bárbaras. Con todo lo que respetamos oriente, y la gratitud que le tenemos, ahora hay una familia, varias que no duermen, nuestros hermanos de oriente decidieron desfogar sus instintos reprimidos -que no son pocos- en un tremendo karaoke nocturno, y asi pasan sus martes, en lo que fue este edificio que yo habité con pasión y ahora en mi regreso padezco y agradezco semejantes maestros de paciencia, eso si amables y reverentes, como buenos orientales pero borrachos. Que paradoja me toca vivir, aún me consterna.

Regresar a un espacio que se habitó es un misterio que el tiempo te regala, uno tiene que elegir que visión es la mejor, si la de los infiernos con karaoke integrado o la de esto también pasará y unirnos al gozo nómada al que invita esta ciudad y sus miles de espacios caminables. El derecho a ser habitante de mi ciudad, ahora es un reto. Nada más paradójico. Llegué en mi infancia a esta ciudad, también dejamos el castro, y mi vida gallega, para reunirnos con esta ciudad que si es lo que el corazón habita.

¿Qué hace una escritora nómada como yo en estas batallas de la conciencia? Tal vez acercarme a mi propia naturaleza humana, a la que está más viva y más despierta. Cada día cada reto es un espacio para depurar. Fui de la náusea sartreana al refugio del dharma. Y paso por esa náusea frecuentemente como la campana que me despierta una y otra vez.

A una escritora como yo esta ciudad le da el más amplio abanico de formas, especies, colores, sensaciones y modos, Elegir la visión ahora es la forma y la luz. Saber que asi es como se depura lo que traemos de sobra. Salir y entrar desde ese espacio que todo lo abarca y solamente observar el samsara, cerrar la ventana y cargar siempre mi pasaporte al nirvana.