jueves, 27 de junio de 2013

San josé del Cabo, orígen de la Palabra nómada. (verano 2013)





 Notas de la nómada...

( solsticio en san josé)
Después de la incertidumbre por un viaje anunciado en 
mi corazón y pies, más que en mi cerebro,obtuve los esperados billetes del vuelo: 
a San José de Cabo. Llegué al nuevo aeropuerto de mi ciudad DF, con sus nuevos techos de agujeritos redondos gracias a los cuales no hay lámparas de neón...  como llegue tan temprano pues di vueltas nomadamente, y supe que este vaje era una especie de nota por palomear en mi destino. Hace dos años pubñiqué palabras nómada, y aún seguía latiendo su eco en mis diarios y cosas. El destino cumplido de mi poesía en su escenario natural, volvía  asu orígen para rednir la ofrenda a la baja calirfornia sur que me dejó ser la nómada que he sido.Por fin el vuelo se anuncia y en la salita de espera gente sencillla y con cajitas de cartón y maletas exhuberantes aborda, unas alegres codaritas que reían sin parar y decian " de donde es ese mandingo pué", me conmoví hasta llorar porque sue que ese vuelo era plural, de este país que si me cobija, de esta ala de donde si soy: la izquierda. Abordo vi que la ala estaba cerca de mi, mi destino de ave migratoria quizá...sabía con la certeza de quien regresa a cumplir su palabra, ene ste caso aunque sea la palabra nómada, que alli estarían mis amigos y mis montañas, el mar y por supuesto las manitas y los naranjos - adone no me atrevi a subir sin mi amado Xavier con quien una vez llegué alli solo con mi casa de campaña- 

Al bajar del avión tras un perfecto vuelo aeromexico, sorpendente¡¡¡ sentí la calidez que pacifica, y a mi derecha la montaña, lloré porque reconocí el Picacho,  la sierra cabeña. Allí experimenté "el sabor único" Al dar vueltas por las salas, me equivoqué y fui a dar a  una ficticia de simulacro de jungla... pero a la siguiente mi amigo Alejandrino estaba alli generoso y amable como sn allí. Fui reconociendo la sierra y a san josé, el calor me purificaba esta vez. Fuímos al hospedaje que me tocaba, en el centrito hermoso y recien remosado, el "tropicana" allí la habitación me acogió, y los sueños de sus espiritus me despertaron por la noche (alli habia muerto un gringo viejo, como en tantas habitaciones de hoteles de la baja, buscan calor y lo encuentran para morir) 

Al día siguiente desayuné bajo los amados mangos de San josé que caen desesperados cuando maduran demasiado, Escribir en esa cálida dimesión aquieta y sonrié. Así pasaban la horas nómadas y cálidas. Llegó la taredecita para presentar mi lirbo, y caminé hacia el teatro llamado Lomelí, cuando llegué todas limpiaban acomodaban sillas, conversamos dichosamente en la sencillez de un miércoles. La mesa puesta y la flores también... los presentadores leyeron sus textos y yo abría los ojos por el asombro que puede causar saber loq ue se dice de lo  que se escribe- Todo era un regalo, al finalizar había personas  que lloraron su nostalgía y abrieron su corazón. Recibí un arreglo de florec precioso, lágrimitas, sonrisas de la sierra, abarzoosss de sol, de mar. Sabía que mi poesía podría abrir con la llave de la palabra un cielo que solo se ve desde el alma. Me dsepedí de san josé, fui a darle la ofrenda de mi palabra al Pacífico, mar de las visiones hondas, del espejo del cielo como mi mente a pisar su arena donde escribi lo otro, lo que tribulé, y el mar generoso se llevó de una pincelada azul. De un solo hunggg




Palabras  nómada  texto de René Holmos (Novelista)
René Holmos, Estela, Alejandro Alvarez, y yo

(texto leído en la presentación del poemario en San José del Cabo)
-gracias por invitarme.   edna te debía una: bienvenida.-mi intervención se centrara en lo que es la primera parte del libro, esas palabras nómada que describen un tema que me fascina; la sierra.  
las palabras cambian, se transforman, se mimetizan, se adaptan, nacen, crecen y mueren en la conciencia, de los exploradores ojos del lector, para que esto suceda el escritor debe crearlas con amor, con dolor, con satisfacción, con frustración, con amargura, con dulzura. con luz, con sombras,  siempre con una ferrea determinación de parirlas. Quizá en su creación como le sucede a la mayoría de los escritores se tenga que trabajar en el filo del gozo y drama personal y  l a necesidad cotidiana. cierto es que las palabras viajan, cambian y se adaptan al escenario del escritor, en nuestro interior los sentidos dan vida a la inspiración que es influenciada por el escenario del espacio al llegamos, esa tierra en el que nos asentamos y donde somos ajenos a historia, a su cultura y costumbres. un lugar  donde somos  unos extraños  fuera de su contexto; un nómada.
Edna trasmite en poesía rupestre la esencia de la sierra cabeña. ese lugar con su encanto tan especial donde recree parte de mi primer novela “de la sierra”. Allá en los naranjos muy cerca del rancho de los Montaño; mis parientes. Ese lugar de la gran piedra de las manitas, donde dejaron sus huellas nuestros antecesores, pinturas rupestres que hablan de tiempos pasados, en donde los elementos de la naturaleza eran considerados dioses.  edna escucho el llamado de la sierra, el murmullo de la piedra, y el mensaje de las manos alli pintadas. tal vez llego a ese lugar buscando la respuesta a la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez. ¿porque estoy aquí en este lugar?-  quizá  edna, quiera quizo, descifrar el misterioso fluir de la vida que nos hace coincidir un un rincon del mundo, habiendo  tanto  espacio por recorrer.
edna recorrió y se asentó en  esos lugares donde el el viento da vuelta, donde se escuchan los pasos de la danza y el eco de  los cantos  de media noche que los naturales entonaban en honor a su diosa luna,edna tomo de  confidente a la montaña, ella le confió sus secretos y edna los atrapo en sus letras. el embrujo de la montaña fue para ella lo que fue para nuestros naturales que nómadamente guiados por ejes invisibles migraban por temporadas de la sierra a la costa.
edna poeta nómada seducida por la magestuosa piedra,  por la caverna , por la cueva del león,  por la vereda nativa, por la ciruela del monte, por la pitaya y  por el atrayente canto de la calandria y la melancolía de la paloma serrana,al igual que mis personajes de "de la sierra" al leer  la   obra de edna, vivirán muchos de sus momentos interiores, sumaran sus incontables horas, dentro del  fantástico mundo de la poesía. describir los días  que  edna  paso en la sierra  es un reto, imaginarla en ese hábitat natural, recorriendo las húmedas cañadas, las sombreadas laderas con palmas atisbando los desfiladeros y esas desérticas mesetas del desierto rebosantes de cactus implorando al cielo un poco de lluvia. asi mismo,  es  inusual y fuera de contexto imaginar a un escritora citadina en un ambiente serrano. tan lejos del neón  en oscuras noches  y tan cerca a la vez del mar de estrellas que como diamantes cuelgan de un entintado cielo. .al leer sus poemas me la  imaginé llegando y descubriendo el azul gris de los amaneceres y esos solitarios crepúsculos.
 La vi  fijar  sus ojos y grabar en su mente, el azul intenso de nuestro cielo; la vi sintiendo la calma y el silencio de los lugares deshabitados, sólo interrumpido por los ruidos y gritos de los animales; casi sentí, cómo contraía sus fosas nasales al percibir  el olor a tierra mojada de las primeras lluvias de la temporada y cómo abría sus brazos en una amplia extensión para sentirla; también lo percibí atenta a la fuerza del viento y del agua que azotan la montaña. Sé que vivió  algunos días que  le nublaron el ánimo.  por experiencia propia sé que aprendió a esperar el nuevo y soleado día que le traería ánimo y esperanzas para vivir, lejos de todo lo que es y representa; ...el arte de la ciudad  y al igual que los  nativos que pintaron con sus manos la piedra de los naranjos, los tiempos de emigrar  también llegaron, para edna,  supo que era hora de poner mar  y tierra de por medio y aparecer en valle de bravo en busca de otra vida y de mas inspiración. edna la poeta…
edna con el espiritu de yeka...se convirtió en nómada a igual que sus palabras. (René Holmos)



COMENTARIO A PALABRAS NÓMADA
Por Alejandro Álvarez
La palabra literatura nos hace proyectar en nuestro pensamientos alguna  novelas como el Quijote, o nombres como Gabriel García Marques, hacemos referencia ya sea a los molinos de viento en el primero y en el segundo al nombre de Macóndo en Cien años de soledad .
En mundos distintos ya sea en el cambio de una época a otra y la denuncia a la mediocridad y a la pérdida del valor de la palabra, la otra un mundo que gira en torno a una maldición en un mundo creado  a partir de mitos y leyendas, la pregunta que seguramente algunos se plantearán es el que tiene que ver ésta afirmación con  el libro que nos ha reunido este día, a lo cual responderé durante mi exposición, pero haré una pregunta nuevamente, ¿Existe una literatura hispanoamericana, una literatura mexicana y una regional? En todos los casos es totalmente afirmativo si consideramos que tanto como los argentinos, uruguayos y los chilenos tenemos la misma raíz  lingüística, sólo cambia el árbol y las particularidades que dan origen a la obra, las cuales pueden ser de índole histórica, cultural, política, etcétera. Así mismo en esas literaturas de acuerdo  a al país van delimitándose conforme a lo que llamamos literatura nacional, con ello, como lo afirmó Octavio Paz en su momento, se cae en la aberración nacionalista lo cual cerraría toda posibilidad estética, la literatura y el arte en general no tiene fronteras y si hablamos de  nacimientos de movimientos artísticos no tardan en sembrar semillas fuera del espacio donde nacieron, por ello la pluralidad en nuestra lengua y en nuestra cultura hace que esa semilla crezca y posteriormente genere frutos, de ahí también el hacer la tan controversial comparación entre qué literatura es mejor que la otra y ello me lleva a mencionar , el tema de lo regional, hace algún tiempo estuve colaborando en un proyecto universitario que era de literatura regional, el cual difunde la obra de escritores sudcalifornianos e ahí mi primer contacto con las letras regionales las cuales se bañan de un sentimiento tanto de aislamiento y de arraigo así los elementos del paisaje sudcaliforniano se convierten en una prosopopeya en el que hablan las voces de lo que cada época guarda celosamente y el poeta va descubriendo con el arte de la palabra, lo regional, con ello deja de serlo como tal a partir de que el otro lo reconstruye y lo recrea transformándolo en  imágenes y juegos. En ese sentido la palabra nómada del libro nos habla de esa universalidad arraigada en el los elementos del paisaje pero que viajan de un lugar a otro .
Contratando ambientes entre el significado que tiene el mar de los cabos que me atrevo a llamarle el lugar donde las almas se encuentran  la autora nos ofrece esa visión en el siguiente fragmento de su poema titulado  "Canto de una provocación marina". P80

Preludio del llamado hacia la primavera;

vibración marina y canto del mar./Llovió después de tantos días de calor solitario
.
Es tiempo de la llegada. No hay enigma./La mar se estremece

Energía de la invocación /canto que amoroso fecunda
.
todos los seres del reino/vibran en sincronía

la mar como morada para /nacer

hembra y macho de agua, dulce y sal /un reloj de agua avisa a los seres marinos:

la vida es vida otra vez./Antiguo los cantos, la voz;

palabra sagrada del mar./


 Comparado un tanto con el poema de Raúl Antonio cota que nos habla del temor al mar quizá a esa grandiosidad que nos proyecta y también de lo mitológico y misterio que oculta.
El elemento es como he leído el mismo hablando de lo nómada de la palabra y en ese sentido el mar nos ofrece en la poeta elementos regionales bañados de vivencias y recuerdos que viajan haciendo de cada uno de ellos algo que permanece pero sin quedarse.

TEMER AL MAR
Temer al mar de pie ante sus grandes olas
ante el escape de sus dimensiones azules con la mirada perdida
desde tierra firme
desde las dunas ballenáceas y nocturnas.
Temer al mar 
Y saber que el destierro no es angustia

y que el regreso niega la melancolía

desde los instantes que preceden toda recuperación

todo arribo final. 

Temer al mar

y no confiar en nuestras venas arenosas

y ásperas que se aferran al tiempo.

Temer al mar 

es negar la ballena blanca 

—la otra— 

la fantasmagórica
.
Es resistirnos al juego ingenuo

de la transmisión de nuestras

miserias
.
Es jputii, nosotros somos la ballena
.
Creo que amanece 


más la sábana blanca de tu piel

cetácea

serenamente desnuda

al pie de los cantiles

provoca que amanezca.

Palabras nómada en la Paz BCS, presentación de mi libro (2013)

Solsticio de verano en la Paz, en mi Poesía.

Si soy yo que aún de palabras vivo.Tras la huella de un rostro: mi libro y su presencia en el paraíso donde se gesto: una poeta amiga, la mejor poeta judía de su generación versó "escribir es morder el paraíso" Yo lo hice, lo dije, después de dos años de espera. Desde san josé del cabo a bordo de una nave pirata, de mi amigo novelista de la sierra, René Holmos, quien me llevó en su barca a la Paz, el siguiente puerto de llegada. El recuerdo me hace temblar la lágrima, atravesar por la carretera transpeninsular entre cardones milenarios y aves de rapiña, ver el mar a derecha e izquierda, mientras este pirata de las eirra cuanta sus historias próximas a novelar... Al atravesar todos santos, vemos el Hotel california, ese ícono de la música que habrá quienes aín lo recuerdes... LLegamos a puerto, brinqué del bajel como ·la mulata de córdoba" y atravésé el portal del salón donde presentaríamos mi obra. Admiré su blancura, pero sobre todo lo que ocurriría allí: Palabras nómada, tendría rostro, el mío, Escuché a mis colegas y supe una vez más que ese era el momento y el día, no otro. Allí, así.
ii




poetas: Christophe Amador, Jorge Chaleco -paceños y de la Sierra san josé el novelista René Holmos 
Textos de mis presentadores: 
gracias por su luz



texto: Jorge Chaleco
Lectura abisal de Palabras nómada[*]   de Edna Aponte

Cantan un canto en la cantera, los guijarros monumentales
J.A.CH.R.

La vida que a veces se antoja errante, trashumante; la vida que permanece desde la impermanencia, en desasosiego constante, sólo tiene un testigo: la piedra; que por así decir, ve pasar imperios, dinastías, siglos, épocas, desastres, cataclismos, generaciones de seres humanos, en fin; todo ser viviente; ya sea este vegetal o animal se tornan simples pasajeros del tiempo ante el congelamiento totémico de la piedra, que está ahí: entregándose por completo al paso del tiempo. Rocas colosales abren sus alas para que el hombre pueda volar mediante pinturas rayas, dibujos, garabatos, escrituras. Abren el vientre y son madrigueras, cuevas, cubiles. Algunas son altares de sacrificios. Más pequeñas sirven de lavadero a la orilla de un río, asientos, morteros, piedra de afilar, punta de lanza, cuchillo, proyectil, guijarros con que los niños juegan para crear ondas en espejos de agua. La piedra es un concentradísimo mineral como concentrado es el odio o el amor. Testigo de todo origen viviente, de tanta vida nómada; el “ser de la piedra” se transfigura nómada pues se va tras la vida que ve pasar. Pero también se puede decir que vemos pasar la piedra frente a nuestros ojos y de acuerdo a nuestra edad y época así será de diferente, la piedra cambia con la visión de las personas. Y la visión de la persona cambia al verse frente a la roca; al verse inmersa en la naturaleza pues es trastocada por la experiencia de lo sagrado, de lo numinoso como diría Miercea Eliade.
Hay poetas que escriben y describen la piedra como presintiendo o acudiendo a esos llamados del origen mineral, ancestral, nómada, errante. La palabra como la roca, es cambiante: va de un lugar a otro, de un tiempo a otro; y de una persona a otra es diferente y la misma. En este nomadismo permanente sufre mutaciones, en ocasiones se renueva, puede ser, en la voz del poeta. El arte más primitivo se dice que es el rupestre: muros de roca y tinta, impecables ante el paso del tiempo y de civilizaciones destructoras no se descubrieron si no hasta hace poco comparado con los milenios que permanecieron invisibles. El hombre actual se maravilla ante tan antiguas manifestaciones que podríamos llamar artísticas. El hombre, parece ser, siempre ha estado ligado a la roca.
La poeta Edna Aponte Galván, en su estadía, o más bien, en su vuelo estacionario por estas rocas sudcalifornianas y de acuerdo a sus poemas, logró encontrarse y religarse a lo más antiguo, a lo más primitivo, a lo más rupestre de la vida. Las pinturas que se encuentran diseminadas en las cuevas y muros peninsulares le revelaron su condición: temporal, pasajera, nómada. La inmovilidad de la roca recuerda nuestra condición viajera, en sus muros están las huellas de un tiempo y personajes que ya fueron pero que siguen siendo porque la poeta se descubre y se religa a ello como parte de su ser y condición. El testimonio de este viaje geográfico, terrenal, terregoso, iniciático y ancestral con el origen; es este puñado de poemas-rocas cincelados en pluma, papel y alma; cincelados con delicadeza donde se da un soliloquio, un diálogo interno y externo con el origen mineral. La autora, nos narra su asombro poético que experimenta al encontrarse en sitios donde parece que el tiempo no ha pasado ni pasará. Se revela en mantra con la sola presencia de la piedra, las rocas “vacías” como espejos de la mente.
Rodeada de naturaleza, inhóspita para un habitante de muros de concreto y asfalto, la poeta pone atención al canto de la cigarra “cantos danzantes” le llama en el poema de la página 26, lo que me hizo recordar unos versos de Basho, más que poeta fue un practicante del lenguaje Zen que dice  “Silencio; la voz de las cigarras penetra las rocas”. Habría que añadir que el canto de las cigarras es como el de los grillos nutre el silencio y funciona como un manta que taladra  la mente del oyente hasta clarificarlo, algo de se produce en los versos de la página citada. La autora practica el verso libre en diferentes formas de acuerdo a su aliento, más acorde a su respiración, a su tonalidad de voz que a veces se encuentra en la justa medianía, en ecuanimidad, en pose contemplativa, por eso algunos de sus poemas nos recuerdan el formato poético del haiku. Los poemas breves y llenos de quietud atestiguan el flujo natural de la mente, reflejo sin espejo de la naturaleza, del ser que fluye con conciencia del movimiento. Los poemas breves son fotografías efímeras, paisajistas pero íntimas. Con el zoom de sus palabras captura instantes visuales y a través de estas pinceladas breves y delicadas nos adentra en ese mundo natural, agreste, antiguo, rupestre; de pájaros, flores, rocíos, cigarras, aves, mariposas, seres cotidianos, intrascendentes que recuperan la magia de la primera vez antes los sentidos de la poeta ya transfigurada. Pero su visión contemplativa no es ajena, ni distante, tampoco reflexiva; eso un adentrarse al interior de esta naturaleza; esa empatía por la belleza del otro la lleva a crear poemas onomatopéyicos tal como los poemas de las página 37 y 38. Habría que añadir, continuando con mi comentario; conforme se leen los poemas se lee el paso, las tonalidades del tiempo y del movimiento, cito versos: “el verde rumor de los grillos, música para luciérnagas, los árboles inician su sombra”. En quietud y ensimismamiento la poeta mineral percibe hasta el más tenue movimiento.
En fin, ya casi por concluir podría decir que es un libro multiforme en cuanto a la forma que van adquiriendo los poemas, y multitemático puesto que en los tres apartados en que se divide la obra nos iremos encontrando con sorpresas inconexas que enriquece y va hilando el tono de voz poético presente en sus 113 páginas. En el apartado tres, con el título de “el primer rostro”, la  autora nos comparte su simpatía y adherimiento a la cultura hindú y más preciso decir de la cultura budista. Es también en este apartado donde se da un repaso a la figura y presencia de “lo femenino y sus mitos” en la cultura universal: en los poemas surgen la presencia de la reina Calafia, la “cetácea madre”, diosas hindúes como Tara, o Sarasvati, diosas aztecas como Coatlicue; la presencia de la energía femenina como el Dakini, el símbolo de la fidelidad con Penélope, la desobediencia a las leyes divinas con el mito bíblico de Lilith, la desobediencia a las leyes de los hombres o del Estado como Antígona, a llorona y sus lágrimas, por último; la virgen de Guadalupe casi desconocida por quien escribe los versos pero le encomienda a las mujeres del primer rostro; presencias míticas-místicas, símbolos de la liberación, del conocimiento pero también de doctrinas religiosa, símbolos también de esencias muy humanas de hombres y mujeres de la vida cotidiana simple y sencilla, pues la tragedia y lo divino es cotidiano.
Finalizo mi lectura diciendo que la poeta Edna Aponte nos comparte a través de sus versos: miradas interiores; enseñanzas y aprendizajes de una mujer que se maravilla por ser de carne, de huesos, de nervios, de sueños diurnos en vueltos con el sari de la vida.
Jorge Alberto Chaleco Ruiz



[*] Obra publicada en  la colección Bicentenario 2010 I.S.C. Estado de B.C.S.