sábado, 9 de enero de 2021

Presentación de «La curación del mundo», de Fernando Beltrán

Para Fernando Beltrán, el poema clave de su último libro, La curación del mundo, recién publicado por la editorial Hiperión, es “La jerarquía del ángel”, un poema que está siendo leído como una oración pagana. Debido a su extensión, Zenda ofrece la lectura de estos cuatro poemas: “La paciencia del cobre” “La hojarasca”, “La boca del león” y “Puente de los Franceses”, e invita a la lectura pausada de “La jerarquía del ángel” con el libro entre las manos, a modo de entrada temblorosa en su contenido. Lo dice así uno de sus versos: “Todo tiene sentido cuando todo se pierde”.

La curación del mundo, título hermoso como todos los de la obra de Beltrán, y que en este momento de su vida cobra especial relevancia y significado, se completa con poemas que bien podrían estar en esta página, “Esqueleto de ballena”, “Padre”, “Día de campo”, “Goya” o  “Alpe d’Huez”, que los lectores hallarán en este libro que es, al mismo tiempo, en palabras de Fernando Beltrán, “un testimonio en poemas y carne viva de una lucha por la vida”, a lo que añade: “porque el grito y el dolor estén siempre abrigados por el esfuerzo y el quehacer por salir adelante y la búsqueda incurable de la belleza del mundo, mucho más amado ahora”.

Fernando Beltrán, a modo de pórtico, esculpe a fuego esta frase de Rainer Maria Rilke:

“He hecho algo contra el miedo. He permanecido sentado durante toda la noche, y he escrito”.

Y concluye para Zenda con estas palabras, que son una aproximación de lo que para su autor es La curación del mundo: “Un libro castigado, astillado, roto, y un cuerpo sin embargo salvado por las palabras, las metáforas, los guantes de plástico, los charcos aún…”. (Miguel Munárriz).

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Nunca / la luz del día / tanta luz

 

Abrazo inmenso

 

 



 

Fernando Beltrán

f.beltran@elnombredelascosas.com

 

EL NOMBRE DE LAS COSAS

Tel.: 915472712

 

 

 

 

LA PACIENCIA DEL COBRE

Apenas somos manos

asustadas,

abruptas intemperies
construyendo bancales
para aplazar el vértigo,

construyendo caricias.

La piedra de la edad
y este silencio roto
por tu azul.

Cuerpos tendidos
para aplazar el vértigo.

Me muero de belleza
y sangre roja

atada al corazón

LA HOJARASCA

Echó el cerrojo a la puerta,

compró una hamaca

y se encerró en el cuarto…

Lo escribió Gabriel García Márquez.

Compraré esa hamaca, quiero, necesito
volver a ser la hamaca que conmigo siempre.

Un puñado de oxígeno. Un bocado.
Confundir pan de hoy con pan de ayer.

El mar que hace millones de años
hubo aquí.

La extraña caracola.

Los libros que uno a uno aquellos días
se caían a plomo de la cama.

El mirlo en el alféizar con su pico naranja.
Apetece la luz, pero me aterra abril.

Los poetas intuyen, bajan la voz, se alejan,
conocen las batallas perdidas de antemano.

Se esconden en sus casas, en sus tomos
se esconden, en sus islas pobladas.

Cernuda, Lorca, Claudio, Wisława, Sylvia Plath…

En mí vive un grito, por la noche aletea,

buscando con sus garras

un objeto de amor.

Buscaré una vez más a la muchacha
que Degas amaba.

Ahora en cambio la peste.

Se morían a miles en Sevilla
y fue cuando Murillo acuñó sus azules
inmortales.

Ahora lo entiendo todo.

Esos azules.

Me gustaría verlos, una vez más
acercarme a verlos.

Querría también ir al Finis Terrae
a contarle mi oeste.

Y poco más…

La ciclista que acaba de sonreírme
mientras sube la cuesta

LA BOCA DEL LEÓN

¿Os acordáis de niños, en el circo?

El domador metía de pronto la cabeza
en la boca del león, y todos tras un ohhh
de espanto, apretando los puños,
conteníamos un siglo la respiración.

Se detenía el mundo.

Era sólo un segundo, pero duraba un miedo
que aún me despierta a veces en mitad
de la herida,

ahora mismo otra vez, y es la peor
cuando veo y recuerdo mi cabeza al fondo
de un pasillo muy largo, quieta, rota, dolida,

aterrada también,

suspendida en las fauces
siempre abiertas
de la vida o la muerte.

Un momento crucial.

Los niños, pulmones del mundo,
conteníamos la respiración.
Doblaba el domador un poco sus rodillas
inclinándose atrás, dejaba caer el látigo

como si fuera necesario
añadirle a la escena
todavía más riesgo,

quizás mi rendición,

y entraba con mi cabeza a solas,

selva, pánico, hijas, mi cuerpo por delante,
apretando los dientes, en aquella

boca oscura de un túnel

donde me juego todo 

PUENTE DE LOS FRANCESES

Llegué a Madrid en tren.

Un tren de niño es mucho más que un tren.

Se queda ahí. Viaja contigo ahí.

Vive contigo.

Callado a veces. Convertido a veces
en mucho más que un tren.

Palabras empujadas.
Raíles sin fin.

Cruzó el tren sobre el puente de ladrillo,
dobló esa curva con la ciudad ya a mano,
y descargó mil metros más allá
sus zapatos de barro, mis paraguas.

Un tesoro de charcos para una vida entera.
Abismos y bellezas en la ciudad sin lluvia.

Poemas empujados. Verde sin fin.

Los charcos de un niño
son mucho más que un charco.
Duran siempre. Jamás secan del todo.
Y si secan, esperan.

Regresarán un día al mismo sitio.

Fiebre empujada.

Ser sin ser
tantos años después.

Mi enfermedad da al mismo puente,
humilde e invencible. Sigue ahí.

Los trenes son distintos, pero el puente resiste.

Metáfora empujada. Atropellada luz.
Oigo cruzar los trenes cada poco.

De hecho, soy su curva.

De hecho, me abrazan con su curva
cada vez que pasan. De hecho, siento
que me traen el abrazo de todo lo que amé,

fui amado. Amé.

Habitación 172. Paciente 160.

Llegan por la ventana, a mi izquierda,
y me rodean veloces, para escucharlos luego
a mi derecha, más allá de la puerta,
atravesar el puente. La curación del mundo.

Vuelvo al norte. Nunca salí de allí.

Tampoco saldré ya de esta ciudad sin lluvia.

Humilde e invencible.

Puente hacia ti

                                      a Elena

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Autor: Fernando Beltrán. Título: La curación del mundo. Editorial: Hiperión

sábado, 28 de noviembre de 2020

La ficción postal es abrir la maleta del olvido, para recobrar el viaje inmóvil

POSTALES PARA UNA MALETA
EdnaAponte

                                            https://trabalibros.com/


ELLA ESTABA SENTADA ALLI

https://trabalibros.com/textos-libres/i/30069/67/el-estaba-alli

Rosa de los vientos mira nuevamente que él estaba allí, esa pequeña foto de contorno ondulado, si le recuerda cómo llegó a su vida. Me pide que le aclare si aún trae puesto el sombrero, y está a la orilla del río en un puerto vacío, sentando en una mojonera. Asiento bajando la cabeza en señal de que es tal como ella me dice. "Entonces él también me mira", murmura y suspira, siento su nostalgia; él estaba allí.                      

                            (Ficción postal: POSTALES PARA UNA MALETA, de Edna Aponte).

 






Rosa de los vientos me pregunta nuevamente cosas que son poco audibles en esta visión interna. Aunque logro reconocer ya su tono y puedo saber cual es la siguiente postal de la maleta del olvido que le hará retornar a la imagen d e su propia vida. Me habla de una casa en Turín, me parece que es la ubicación de una vecindad antigua (1903) que aún hoy existe en al ciudad de México, en un barrio con nombres de ciudades europeas. Me doy prisa para hallarla y no está. No sé como decirle eso. Pero sin más preámbulo la veo recobrar sus gestos y señalar a la que sería su familia recobrada, a ella entre ellos.

"Allí vivíamos los 7, todos usábamos sombreros, unos de copa otros boina o como el mío estilo modernista. Si los miras sus rostros son maculinamente serios reflejan un aire común, eran los 5 hermanos de mi madre, con quienes me dejó al morir. Sus abrigos largos como su bondad, todos ingleses emigrados a México conmigo en brazos, y con él con quien crecí y con quien pasé a otros mundos que están en este.

Su boina te dirá desde dónde llegó, mis tíos lo adoptaron como a mi, y su puro es el aroma de mis recuerdos. Soy la única mujer en esa imagen postal, fui la única durante mucho tiempo, hasta que mis recuerdos quedaron en pequeños enigmas de papel, en esta maleta del olvido."

Mientras recolectaba las postales, mis manos se movían solas, Rosa de los vientos quedaba una vez más en uno de los compartimientos de la maleta desvencijada pero aún baúl secreto del tesoro oculto de esa vida y sus viajes también. El enigma de su voz en mi mente; ha sido una imagen más para esta forma que la memoria vierte en ficción. Otra manera de acercar el intersticio por el cual he asomado el asombro en este viaje inmóvil de días inciertos, de días que recobran sentido en una postal sepia cuyo tiempo queda encapsulado en ese cuadrito, ventana de papel donde posar la mirada nómada.

(para la "niña oscura" quien me mostró dónde estaba la maleta de Rosa de los vientos/ SantaMaría la Rivera CdMx 2020)


jueves, 8 de octubre de 2020

lunes, 5 de octubre de 2020

La mujer Gopi en mi cabeza


 La dama Gopi emerge de mi cabeza

está allí con su sari azafrán y azules

mientras la  veo en su gesto hay una dirección

su mirada retorna como su cuerpo

hacia alguna coordenada

quizá la misma que me trajo aqui

al instante presente

"al templo del instante presente"

( Santa María la Rivera, otoño 2020)

domingo, 20 de septiembre de 2020

miércoles, 9 de septiembre de 2020

/Rara sustancia: Olga Orozco/

 

 Con esta boca, en este mundo: 100 años de Olga Orozco

Aqui tenemos a Olga, mirando por su ventana.... 

http://www.materialdelectura.unam.mx/images/stories/pdf5/olga-orozco-199.pdf


Conocí a Olga en su departamento de Buenos Aires (1995). Viajé a trabajar al centro de estudios históricos Martí, invitada por la serie de Radio Jai: el narrador. INBA literatura aún nos daba esas oportunidades a los trabajadores, y yo trabajaba allí. Así que una tarde de esas que tienen que sé yo, como dice el tango de Amelita Baltar, pues me si  a la fuga... acabé el trabajo y les pedí a mis amigos Enrique Gleizer, Sofia Lasky que me dieran los datos de la poeta, como ellos eran los entonces los directores de la Asociación de escritores Argentinos, pues fue fácil hallarla, me dejaron en Av corrientes y recuerdo que caminé y caminé  bajo la lluvia, que en Buenos Aires no cesa. Y por fin di con el edificio, subí echa una sopa, y de inmediato me abrió la querida Olga- Pero che, parecés una gatita. SI eso era yo alli una gatita ensopada e iluminada por la presencia de Olga ante mis ojos. Y seguimos la tarde con unos whiskys, y unos mates y asi rondas largas y yo escuchaba que Olga me decía que las palabras la lavaban, como esa lluvia que me había lavado a mi. Me contó la historia de sus guillerminas, de esos zapatos estilo mafalda digamos, y me contó porque vivía asi y sola, mientras tanto yo no podía más que mirarla fijamente y escuchar con todo mi cuerpo su hermosa confesión; asi que yo allí fui de esa "rara sustancia" de la que Olga escribe....


confesar que he caminado este viaje inmóvil aún

Muro de la confesión. 1. Extrañar mis pasos perdidos en estas calles ateridas. Ya no camino por sus orillas, me pierdo en la vigilia de mi c...