sábado, 6 de julio de 2013

Las "visitantes" en Cafebrería Péndulo

JenyAsse, Mariana,Andrea, Edna, Rosita:yPéndulo-



Apunte nómada para una poética rupestre, por Edna A.   
                                                                                     ( y llovía en el Péndulo, Polanaco, año serpiente 2013)
 El oficio de la palabra./Más allá de la pequeña miseria/Y la pequeña ternura/ De designar esto o aquello
Es un acto de amor:/Crear presencia./  (Juarroz, Poesía vertical)
Hace unos dos años aproximadamente recibí un regalo que me acompaña, abrí sus páginas  al azar. Leí unos versos que tienen una constante coordenada en mi danza de palabras hacia el origen:
/  Porque hay un huerto detrás de tu ventana. Un Edén habitando un árbol. Un fruto en cada hoja  transitada. Escribir es morder el paraíso/  La autora de estos versos de luz es Jenny Asse.
Sentí que hilvanar su poesía en mi urdimbre de palabras era recordar algo de mi que en la urdimbre visible no estaban, en la urdimbre invisible siempre estaban.  Entonces recordé que mi nombre “Edna” según mi papá, significaba edén y un jardín y una fuente que rejuvenece. Así  descifrando nombres, como en “letra ferit” (heridas de la letra) mi padre tal vez creía que me contaba a través de mi nombre el suyo, sus nombres a través de tiempo, pero yo aún no sabía de dónde veníamos ni cuál era el misterio. Por lo que de forma mágica, casi cortázarianamente, como en la danza chiquita de un cronopio pequeñito que busca la llaves en la mesa de luz, me he encargado de descifrar -de algún modo- este enigma, este enigma para un limón, un limón caído del edén que está tras  la sencilla ventana de mi cabaña.
Bien pues ahora devanaré mi apretado destino para deshilar y compartir trama de cómo llegué al espacio del proceso creador hacia la poética rupestre.
 Una mañana fresca y buena sentí que unas manos rupestres escribían el ritual de sus días, y fue en ese instante  donde recibí la señal: yo escribiría lo que las rocas en sus rostros extraños me señalaran. Escribiría lo que el pasaje nítido de la mente clara me dictara. En este sagrado día también decidí que  mi voz fuera/sea como una ofrenda  al gozo,  por la divina puerta que se me abría : la puerta  de la palabra,
Pero cómo llegué a esta cueva? Qué miraron mis ojos aceituna? (me preguntó la poeta mariana b. aquel año mágico mileno del 2000 al presentar ella mi libro: “jardines para hada desnudas”) qué o cómo: ¿hendidura, intersticio, hondonada? Solo puedo abrir los ojos y decir que me sentí dentro de un refugio muy antiguo que siempre había estado allí, que el viento en su rumor me aventó.
Unos trazos que emergieron de la reminiscencia o de la mirada aceituna, no sé, pero es visible, mi escritura rodó,  y me mostró que si el ego para su frenética lucha, mi verdadera sabiduría y naturaleza emergen, para traducirse y decir en un lenguaje crepuscular: el amor que nace en mí por la naturaleza,  por el refugio de nuestra casa azul- la Tierra. Y dentro de este refugio el lenguaje crepuscular es sutil y posible. Gracias  a la vida podemos reconocer que las  emociones  o sufrimientos son solo adornos del estado natural de la mente.
Así de este modo mi poética rupestre solo retorna al origen sobrio, al sencillo reino de lo “elemental”: del fuego, aire, tierra, agua y el espacio. Es este movimiento del ser, mi espíritu día a día trabaja por atender, por “leer la naturaleza, leer la realidad tal cual es, en su divina perfección original, con dichas y desdichas.
Así caminé con mis dos sandalias de cielo (como le pidió Yanis Ritsos a su hijita recién nacida: duerme/ crece pronto: que sólo tienes dos sandalias de cielo para nadar/) Yo no soy hija de Yanis, pero si fui de Enrique y creo que a su modo me dijo lo mismo. Bien pues con estas sandalias subí a la Sierra (literalmente la Sierra de San José de Cabo) y allí empezó el peregrinaje: nos asentamos nómadamente (Xavier y yo) en un gar, que en tibetano significa eso mismo: campamento nómada. Saqué la nariz, abrí lo ojos –aún mas- y me dije: voy a leer mi naturaleza: la de mi mente indómita, la de mi corazón bueno, la de mi corazón tribulado. Aquí leeré mi naturaleza, 
¿Qué más será la poesía? sino esta continúa lectura de nosotros mismos, de la voz que a veces también nos habita, de nuestras imágenes rupestres. Voy a leer la naturaleza volví a decirme cuando miré ese  cielo nocturno: y una bóveda celeste completa se desplegó ante mis ojos, y estrellas de las fugaces me decían: esta es la corona, es el mapa de las coordenadas hacia los puntos de luz: únelos. Con estas señales celestes voy de roca en roca, de encuentro en enigma, de enigma al encuentro de los limones de mi huerto tras la ventana.
Al sentir esta noble responsabilidad hacia mis lecturas y mis palabras, deje ir –aún lo hago- la lucha, la lucha frenética de mi ego para poder lavar mis palabras y dejarlas como una roca que nace poema, tras tallar, tallar. Ahora sé que lo que llamo poesía rupestre, se lava con sal de mar, y permanece en su “blanco principio” (como Edmond Jabés anota) para encausar ríos, ser agua que salte entre rocas, fluya hacia las manos de quien la tome.
Pero las señales son la imagen que la poética rupestre encuentra a su paso. Inspirada obviamente en nuestras hermosas pinturas rupestres mexicanas, elegí su esencia  para recrear lo que estaba viviendo en mi paraíso rupestre. Pasé unas noches cerca de una roca milenaria que en sueños me presentó imágenes de su historia. Nada hay más misterioso que los sueños: esa frontera; esa otra puerta. Esas señales se atienden con la presencia. No me asombró pero me llenó de alegría que en la obra más reciente de Cees Nooteboom que por cierto escribió Hotel nómada, él concibe Cartas  Poeseidón, después de hacer caso a una servilleta hallada en el restaurante que eligió para comer una tardecita de viaje, él lee estas señales y dice que las atiende. Yo sólo me estremecí al poner mi mano en la roca “manitas” una rupestre de la sierra de los cabos y noté como mis dedos embonaron perfectamente con la imagen allí trazada. Soñé desde entonces con mi propia “tribu de palabras” como me señaló el poeta paceño Christopher Amador. Sólo toqué la roca en una danza de hadas desnudas, sentí una raíz y empecé a recordar que ser nómada sólo era retornar la mirada para recolectar, habrá que adentrarse en la esencia del poeta recolector de nutricias imágenes que caen como el fruto de la experiencia de quien como un mango o ensaliva un limón. Nutrir la cueva con frutos del edén: ciudades, pueblos, hermanos, hermanas, humanos, casas, cabañas, moradas, miradas, ríos, montañas, o desayunos en el péndulo antes de entrar a labrar palabras con mis alumnitos pequeños: nómaditas incipientes con quienes llenamos cuadernícolas. Recolectar un sinfín de postales misteriosas o de ballenas con sifón, recolectar ecos reminiscentes, de rostros primigenios, de manos que como geografías sutiles emanan coordenadas, senderos como los de Oku andados por Matsuo Basho:
/Los meses y los días son viajeros de la eternidad. El año que se va y el que viene también son viajeros. Para aquellos que dejan flotar sus vidas a bordo de barcos o envejecen conduciendo caballos, todos los días son un viaje y su casa misma es el viaje./
Asi en mi vuelo estacionario he creado lo que ahora comparto: porque el arte más antiguo se dice que es el rupestre, a muro de roca y tinta impecables ante el paso del tiempo,  que sabemos como en el fulgor del fuego  nadie puede mirar sin un asombro antiguo. Invoqué mis palabras, la crecí para llegar aquí y mostrar “mi primer rostro”:
Palabra nómada Dejo ir las palabras cuneiformes,  como una imaginaria tablilla de Gilgamesh, con la intención de que  solo la “presencia” habite.
Y que  en los nómadas presentes: caiga feliz una semilla para emprender cualquier trazo cuneiforme hacia su mirada nómada, hacia su propia práctica de vuelo: gracias por recibir mis guijarros
Jeny Asse, Mariana Bernárdez, Andrea Montiel, Edna Aponte, Rosa Nissan.

jueves, 27 de junio de 2013

San josé del Cabo, orígen de la Palabra nómada. (verano 2013)





 Notas de la nómada...

( solsticio en san josé)
Después de la incertidumbre por un viaje anunciado en 
mi corazón y pies, más que en mi cerebro,obtuve los esperados billetes del vuelo: 
a San José de Cabo. Llegué al nuevo aeropuerto de mi ciudad DF, con sus nuevos techos de agujeritos redondos gracias a los cuales no hay lámparas de neón...  como llegue tan temprano pues di vueltas nomadamente, y supe que este vaje era una especie de nota por palomear en mi destino. Hace dos años pubñiqué palabras nómada, y aún seguía latiendo su eco en mis diarios y cosas. El destino cumplido de mi poesía en su escenario natural, volvía  asu orígen para rednir la ofrenda a la baja calirfornia sur que me dejó ser la nómada que he sido.Por fin el vuelo se anuncia y en la salita de espera gente sencillla y con cajitas de cartón y maletas exhuberantes aborda, unas alegres codaritas que reían sin parar y decian " de donde es ese mandingo pué", me conmoví hasta llorar porque sue que ese vuelo era plural, de este país que si me cobija, de esta ala de donde si soy: la izquierda. Abordo vi que la ala estaba cerca de mi, mi destino de ave migratoria quizá...sabía con la certeza de quien regresa a cumplir su palabra, ene ste caso aunque sea la palabra nómada, que alli estarían mis amigos y mis montañas, el mar y por supuesto las manitas y los naranjos - adone no me atrevi a subir sin mi amado Xavier con quien una vez llegué alli solo con mi casa de campaña- 

Al bajar del avión tras un perfecto vuelo aeromexico, sorpendente¡¡¡ sentí la calidez que pacifica, y a mi derecha la montaña, lloré porque reconocí el Picacho,  la sierra cabeña. Allí experimenté "el sabor único" Al dar vueltas por las salas, me equivoqué y fui a dar a  una ficticia de simulacro de jungla... pero a la siguiente mi amigo Alejandrino estaba alli generoso y amable como sn allí. Fui reconociendo la sierra y a san josé, el calor me purificaba esta vez. Fuímos al hospedaje que me tocaba, en el centrito hermoso y recien remosado, el "tropicana" allí la habitación me acogió, y los sueños de sus espiritus me despertaron por la noche (alli habia muerto un gringo viejo, como en tantas habitaciones de hoteles de la baja, buscan calor y lo encuentran para morir) 

Al día siguiente desayuné bajo los amados mangos de San josé que caen desesperados cuando maduran demasiado, Escribir en esa cálida dimesión aquieta y sonrié. Así pasaban la horas nómadas y cálidas. Llegó la taredecita para presentar mi lirbo, y caminé hacia el teatro llamado Lomelí, cuando llegué todas limpiaban acomodaban sillas, conversamos dichosamente en la sencillez de un miércoles. La mesa puesta y la flores también... los presentadores leyeron sus textos y yo abría los ojos por el asombro que puede causar saber loq ue se dice de lo  que se escribe- Todo era un regalo, al finalizar había personas  que lloraron su nostalgía y abrieron su corazón. Recibí un arreglo de florec precioso, lágrimitas, sonrisas de la sierra, abarzoosss de sol, de mar. Sabía que mi poesía podría abrir con la llave de la palabra un cielo que solo se ve desde el alma. Me dsepedí de san josé, fui a darle la ofrenda de mi palabra al Pacífico, mar de las visiones hondas, del espejo del cielo como mi mente a pisar su arena donde escribi lo otro, lo que tribulé, y el mar generoso se llevó de una pincelada azul. De un solo hunggg




Palabras  nómada  texto de René Holmos (Novelista)
René Holmos, Estela, Alejandro Alvarez, y yo

(texto leído en la presentación del poemario en San José del Cabo)
-gracias por invitarme.   edna te debía una: bienvenida.-mi intervención se centrara en lo que es la primera parte del libro, esas palabras nómada que describen un tema que me fascina; la sierra.  
las palabras cambian, se transforman, se mimetizan, se adaptan, nacen, crecen y mueren en la conciencia, de los exploradores ojos del lector, para que esto suceda el escritor debe crearlas con amor, con dolor, con satisfacción, con frustración, con amargura, con dulzura. con luz, con sombras,  siempre con una ferrea determinación de parirlas. Quizá en su creación como le sucede a la mayoría de los escritores se tenga que trabajar en el filo del gozo y drama personal y  l a necesidad cotidiana. cierto es que las palabras viajan, cambian y se adaptan al escenario del escritor, en nuestro interior los sentidos dan vida a la inspiración que es influenciada por el escenario del espacio al llegamos, esa tierra en el que nos asentamos y donde somos ajenos a historia, a su cultura y costumbres. un lugar  donde somos  unos extraños  fuera de su contexto; un nómada.
Edna trasmite en poesía rupestre la esencia de la sierra cabeña. ese lugar con su encanto tan especial donde recree parte de mi primer novela “de la sierra”. Allá en los naranjos muy cerca del rancho de los Montaño; mis parientes. Ese lugar de la gran piedra de las manitas, donde dejaron sus huellas nuestros antecesores, pinturas rupestres que hablan de tiempos pasados, en donde los elementos de la naturaleza eran considerados dioses.  edna escucho el llamado de la sierra, el murmullo de la piedra, y el mensaje de las manos alli pintadas. tal vez llego a ese lugar buscando la respuesta a la pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez. ¿porque estoy aquí en este lugar?-  quizá  edna, quiera quizo, descifrar el misterioso fluir de la vida que nos hace coincidir un un rincon del mundo, habiendo  tanto  espacio por recorrer.
edna recorrió y se asentó en  esos lugares donde el el viento da vuelta, donde se escuchan los pasos de la danza y el eco de  los cantos  de media noche que los naturales entonaban en honor a su diosa luna,edna tomo de  confidente a la montaña, ella le confió sus secretos y edna los atrapo en sus letras. el embrujo de la montaña fue para ella lo que fue para nuestros naturales que nómadamente guiados por ejes invisibles migraban por temporadas de la sierra a la costa.
edna poeta nómada seducida por la magestuosa piedra,  por la caverna , por la cueva del león,  por la vereda nativa, por la ciruela del monte, por la pitaya y  por el atrayente canto de la calandria y la melancolía de la paloma serrana,al igual que mis personajes de "de la sierra" al leer  la   obra de edna, vivirán muchos de sus momentos interiores, sumaran sus incontables horas, dentro del  fantástico mundo de la poesía. describir los días  que  edna  paso en la sierra  es un reto, imaginarla en ese hábitat natural, recorriendo las húmedas cañadas, las sombreadas laderas con palmas atisbando los desfiladeros y esas desérticas mesetas del desierto rebosantes de cactus implorando al cielo un poco de lluvia. asi mismo,  es  inusual y fuera de contexto imaginar a un escritora citadina en un ambiente serrano. tan lejos del neón  en oscuras noches  y tan cerca a la vez del mar de estrellas que como diamantes cuelgan de un entintado cielo. .al leer sus poemas me la  imaginé llegando y descubriendo el azul gris de los amaneceres y esos solitarios crepúsculos.
 La vi  fijar  sus ojos y grabar en su mente, el azul intenso de nuestro cielo; la vi sintiendo la calma y el silencio de los lugares deshabitados, sólo interrumpido por los ruidos y gritos de los animales; casi sentí, cómo contraía sus fosas nasales al percibir  el olor a tierra mojada de las primeras lluvias de la temporada y cómo abría sus brazos en una amplia extensión para sentirla; también lo percibí atenta a la fuerza del viento y del agua que azotan la montaña. Sé que vivió  algunos días que  le nublaron el ánimo.  por experiencia propia sé que aprendió a esperar el nuevo y soleado día que le traería ánimo y esperanzas para vivir, lejos de todo lo que es y representa; ...el arte de la ciudad  y al igual que los  nativos que pintaron con sus manos la piedra de los naranjos, los tiempos de emigrar  también llegaron, para edna,  supo que era hora de poner mar  y tierra de por medio y aparecer en valle de bravo en busca de otra vida y de mas inspiración. edna la poeta…
edna con el espiritu de yeka...se convirtió en nómada a igual que sus palabras. (René Holmos)



COMENTARIO A PALABRAS NÓMADA
Por Alejandro Álvarez
La palabra literatura nos hace proyectar en nuestro pensamientos alguna  novelas como el Quijote, o nombres como Gabriel García Marques, hacemos referencia ya sea a los molinos de viento en el primero y en el segundo al nombre de Macóndo en Cien años de soledad .
En mundos distintos ya sea en el cambio de una época a otra y la denuncia a la mediocridad y a la pérdida del valor de la palabra, la otra un mundo que gira en torno a una maldición en un mundo creado  a partir de mitos y leyendas, la pregunta que seguramente algunos se plantearán es el que tiene que ver ésta afirmación con  el libro que nos ha reunido este día, a lo cual responderé durante mi exposición, pero haré una pregunta nuevamente, ¿Existe una literatura hispanoamericana, una literatura mexicana y una regional? En todos los casos es totalmente afirmativo si consideramos que tanto como los argentinos, uruguayos y los chilenos tenemos la misma raíz  lingüística, sólo cambia el árbol y las particularidades que dan origen a la obra, las cuales pueden ser de índole histórica, cultural, política, etcétera. Así mismo en esas literaturas de acuerdo  a al país van delimitándose conforme a lo que llamamos literatura nacional, con ello, como lo afirmó Octavio Paz en su momento, se cae en la aberración nacionalista lo cual cerraría toda posibilidad estética, la literatura y el arte en general no tiene fronteras y si hablamos de  nacimientos de movimientos artísticos no tardan en sembrar semillas fuera del espacio donde nacieron, por ello la pluralidad en nuestra lengua y en nuestra cultura hace que esa semilla crezca y posteriormente genere frutos, de ahí también el hacer la tan controversial comparación entre qué literatura es mejor que la otra y ello me lleva a mencionar , el tema de lo regional, hace algún tiempo estuve colaborando en un proyecto universitario que era de literatura regional, el cual difunde la obra de escritores sudcalifornianos e ahí mi primer contacto con las letras regionales las cuales se bañan de un sentimiento tanto de aislamiento y de arraigo así los elementos del paisaje sudcaliforniano se convierten en una prosopopeya en el que hablan las voces de lo que cada época guarda celosamente y el poeta va descubriendo con el arte de la palabra, lo regional, con ello deja de serlo como tal a partir de que el otro lo reconstruye y lo recrea transformándolo en  imágenes y juegos. En ese sentido la palabra nómada del libro nos habla de esa universalidad arraigada en el los elementos del paisaje pero que viajan de un lugar a otro .
Contratando ambientes entre el significado que tiene el mar de los cabos que me atrevo a llamarle el lugar donde las almas se encuentran  la autora nos ofrece esa visión en el siguiente fragmento de su poema titulado  "Canto de una provocación marina". P80

Preludio del llamado hacia la primavera;

vibración marina y canto del mar./Llovió después de tantos días de calor solitario
.
Es tiempo de la llegada. No hay enigma./La mar se estremece

Energía de la invocación /canto que amoroso fecunda
.
todos los seres del reino/vibran en sincronía

la mar como morada para /nacer

hembra y macho de agua, dulce y sal /un reloj de agua avisa a los seres marinos:

la vida es vida otra vez./Antiguo los cantos, la voz;

palabra sagrada del mar./


 Comparado un tanto con el poema de Raúl Antonio cota que nos habla del temor al mar quizá a esa grandiosidad que nos proyecta y también de lo mitológico y misterio que oculta.
El elemento es como he leído el mismo hablando de lo nómada de la palabra y en ese sentido el mar nos ofrece en la poeta elementos regionales bañados de vivencias y recuerdos que viajan haciendo de cada uno de ellos algo que permanece pero sin quedarse.

TEMER AL MAR
Temer al mar de pie ante sus grandes olas
ante el escape de sus dimensiones azules con la mirada perdida
desde tierra firme
desde las dunas ballenáceas y nocturnas.
Temer al mar 
Y saber que el destierro no es angustia

y que el regreso niega la melancolía

desde los instantes que preceden toda recuperación

todo arribo final. 

Temer al mar

y no confiar en nuestras venas arenosas

y ásperas que se aferran al tiempo.

Temer al mar 

es negar la ballena blanca 

—la otra— 

la fantasmagórica
.
Es resistirnos al juego ingenuo

de la transmisión de nuestras

miserias
.
Es jputii, nosotros somos la ballena
.
Creo que amanece 


más la sábana blanca de tu piel

cetácea

serenamente desnuda

al pie de los cantiles

provoca que amanezca.

confesar que he caminado este viaje inmóvil aún

Muro de la confesión. 1. Extrañar mis pasos perdidos en estas calles ateridas. Ya no camino por sus orillas, me pierdo en la vigilia de mi c...